dimarts, 14 de febrer de 2017

Cuentos de ciencia ficción I

EL PASTELERO JUPITEÑO

 Editores: Iona Serra I Anna Maria Garcia Medina
Autor: JORDI CASADEMONT, 4tC
Sergio era un joven de 15 años que vivía en un pequeño pueblo cerca de la capital, llamado Villamorza. Era delgado y bajito para su edad.

Un día iba de camino a su casa, después de una larga jornada en el instituto. Siempre pasaba por el parque porque le gustaba ver las flores, que cada día eran más bonitas i más grandes. Entre los matorrales le pareció ver una puerta de madera, así que decidió ir a ver qué era. Había un traje de astronauta en el suelo. Decidió ponérselo y entrar en la puerta de madera, pensando que no le llevaría a ningún sitio.
Al cabo de un rato se encontraba en un planta diferente al suyo; el cielo era rojo, las montañas eran rocosas y sin vegetación, y el suelo era rugoso, todo de tierra. A lo lejos vio unas pequeñas cabañas de madera y en fila, con un cartel en la puerta que ponía el nombre de un oficio. Cada puerta tenía un oficio diferente. Sergio, asustado, decidió volver a su casa, así que abrió la puerta y se fue. Dejó el traje donde lo había encontrado y se fue a hacer los deberes. 

Una vez en su casa abrió su mochila para coger sus libros cuando de repente sali’o un pequeño ser redondo y azul. En primer momento, se asustó pero al cabo de unos minutos se tranquilizó. Era un jupiteño, ser que vivía en Júpiter. Ahora lo tendía todo, ¡Sergio había estado en Júpiter! Esa puerta lo había transportado a un lugar desconocido donde vivían unos seres nunca antes vistos.

El pequeño le explicó a Sergio que la puerta que habían encontrado estaba allí porque él era pastelero y venía cada primer martes de mes a buscar cerezas para sus pastelitos. Sergio sintió curiosidad por conocer el sabor de sus pastelitos, así que le pidió que le hiciera alguno para probarlos.

El jupiteño pastelero se los hizo con mucho gusto, y Sergio se los comió todos: le encontraron.

Le pidió al pequeño ser azul que se quedara en su casa, que lo cuidaría como si fuera su mascota, pero el jupiteño le explico le explicó que en su planeta era el único pastelero, y que debía volver para atender a su familia.

Sergio lo entendió y lo acompañó a la puerta. Una vez en el parque, el ser azul entró por la puerta y desapareció.

Gracias al ser jupiteño, Sergio descubrió su profesión que más le gustaba. De mayor abrió su propia pastelería y tuvo mucho éxito. 


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